Sustituyendo una droga por otra
Un día, bajando de mi endocrinólogo, con el cual estaba en tratamiento para bajar de peso, se me ocurrió que quizás yo comía compulsivamente porque tenía un nivel de ansiedad muy alto, y con una "pastillita" un siquiatra podía controlar esto.
Así que al ver el nombre de un siquiatra en una de las puertas del primer piso, hice una cita con la secretaria inmediatamente. Había encontrado una solución a mi manera de comer compulsivamente, me decía mi mente.
En mi primera cita con el siquiatra, traté de ser lo más honesta que podía y le confesé que vo era alcohólica. Para mi sorpresa, no se inmutó y siguió con su proceso de anáisis, como si esto fuera algo sin importancia. Al cabo de media hora, me recetó unas pastillas para controlar mi ansiedad la que me confirmó que yo tenía razón, que era mi ansiedad lo que me llevaba a comer desconsoladamente.
Mi honestidad en realidad fue muy cuestionable, porque no insistí en que tomara en cuenta mi alcoholismo, ni tampoco le dije que yo comía compulsivamente y luego tomaba laxantes y diuréticos, para que lo que había comido no me engordara.
Así comencé a tomar tres pastillitas al día y me sentí algo relajada al principio. Luego sentí que quizás estas pastillas eran la solución que tanto vo había buscado, y que debía seguir tomándolas.
En una cita al cabo de ciertos meses, el siquiatra comenzó a bajarme la dosis, y yo la bajé muy tranquilamente, pero notó que no era el mismo efecto el conseguía, entonces en los días que yo pensaba que necesitaba algo extra, yo la aumentaba y luego volvía a bajarla.
Entonces pensé que tomando las tres pastillitas al día era suficiente para controlar mi ansiedad y dormir bien. Para este tiempo yo decía que sin la pastilla yo no dormía bien, lo cual era cierto.
Ya había pasado alrededor de un año, y como pensaba que ya tenía todo bajo control dejé de ir al siquiatra y al endocrinólogo. v seguí tornando mis tres pastillas mágicas.
Al cabo de ocho años tomando de una a cinco pastillas al día v una recaída con alcohol que duró seis meses, combinando el alcohol con las pastillas y además comiendo, laxándome y tomando diuréticos, caí en una profunda depresión que, pensaba yo, se debía a problemas económicos. En realidad era que había tocado fondo con las pastillas v tenía un nivel de ansiedad tan grande que me provocaba un miedo a la vida en general, lo que me paralizó por completo. No podía tomar decisiones, no podía actuar v mucho menos resolver mis problemas del diario vivir.
Mi depresión era tan aguda que tuvieron que llevarme a un centro de tratamiento, donde gracias a la ayuda de otras personas que se dieron cuenta de mi adicción a las pastillas, me desintoxicaron de tranquilizantes.
Al cabo de varios meses comenzó mi mente enferma a racionalizar que era la combinación de tranquilizantes y alcohol lo que me hacía daño, y que seguramente ahora yo iba a poder beber como una persona normal.
Así que comencé a beber y al poco tiempo lo hacía aun con más compulsión que anteriormente, las consecuencias eran peores, mi tolerancia al alcohol era menor. No volvi a tomar tranquilizantes, ya que había vuelto a mi droga de preferencia que era el alcohol, y no me hacían Falta. Durante el tiempo que tomé tranquilizantes, yo lo que había hecho era sustituir mi droga de preferencia por otra droga que seguía alimentando mi adicción, pero como la satisfacción no era la misma, esto me llevó a volver al alcohol.
Tres años más tarde toque fondo otra vez con el alchol v pedí ayuda. Esta vez comencé a investigar de qué se trataba mi enfermedad.
Descubrí que lo que existe en realidad es la enfermedad de la adicción, y que yo tengo la potencialidad de manifestar mi enfermedad en cualquier de sus facetas, y por lo tanto para poder recuperarme tengo que dejar de hacer contacto con todas las cosas que cambien la química normal de mi cuerpo, como lo son pastillas, alcohol, marihuana, cocaína, jarabes con alcohol, antitusivos, comportamientos obsesivos, compulsivos, que alteran la química normal de mi cerebro.
M.F |