Sufriendo mucho

Siempre me pregunté que corno sería el mundo interior de una persona adicta, ya que no veía la razón lógica que llevara a una persona a un estado de degradación, de una manera paulatina y progresiva, ingiriendo substancias a sabiendas de lo que son y pueden causar.

Me preguntaba ¿pero cómo es posible que viendo a otras personas degradarse, sufrir, perderlo todo y hasta morir, haya personas que sigan eligiendo esa misma ruta, a pesar de toda esa realidad, que nos golpea día a día?

¿Cómo son los sentimientos, la vida, de quien convive con una persona adicta?

Esas preguntas me las he venido haciendo desde hace mucho tiempo, y no ha sido sino hasta hace relativamente poco, que he comenzado a tener y a entender las respuestas, irónicamente con mi propio ejemplo, después de convivir casi 15 años con una adicta, luego de haberme sometido a terapias de diferentes categorías, a cargo de diferentes personas, bajo esquemas de diferentes escuelas o corrientes de pensamiento científico-profesional.

Al principio, cuando me di cuenta de la verdadera magnitud de la adicción de mi compañera, pensé que el amor podía resolverlo todo, de una manera automática.

Entendía, hasta hace poco tiempo, que el problema era exclusivamente de ella y que desde el núcleo de la pareja, con fuerza de voluntad y con mi apoyo, se podía superar esa adicción sin mayores complicaciones.

En ese entonces no sabía que la adicción era una enfermedad, ni lo sentía, ni reconocía que yo también iva comenzaba a enfermarme, concepto que he venido a entender después de muchos sufrimientos.

En esa época me conformaba con el hecho de que yo no era adicto a lo que entendía socialrnente corno drogas, y con la esperanza e ilusión de que mi compañera iba a dejar la adicción de una manera u otra. No sufría tanto en ese tiempo.

Al pasar los años y percibiendo que mi compañera consumía mucho más de lo que yo conscientemente me daba cuenta o pensaba, comenzó a surgir en mí una mezcla de sentimientos y sufrimientos, lo que me llevó a la desesperación e impotencia existencial.

Se desvaneció la magia de pareja que existía entre nosotros. Comencé a conocer y vivir un tipo de tristeza que nunca me había acompañado, hasta ese momento de mi vida.

Mi optimismo, cualidad de la que siempre había hecho gala, comenzó a irse a pique.

De repente, me encontré desarrollando en mi interior una serie de sentimientos negativos, que nunca había utilizado en contra de otra persona, amiga, pareja o familia.

La rabia, la ironía, la burla, el desde, la paranoia, los celos, inclusive la manipulación, comenzaron a hacerse presentes cada vez más en mi comportamiento, de una manera desordenada.

Comencé a perder fe en la fuerza del amor.

Perdí casi totalmente mi alegría, siendo esto una de las cosas que existencialmente más me han hecho sufrir.

Las semanas, los meses, los años, han seguido pasando \ he llegado a sentirme como en el fondo de un túnel sin esperanzas de poder salir. A veces pienso que se me ha tronchado la vida, que se me hizo tarde para muchas cosas.

No me sale tan fácil el abrirme a nuestros hijos, viviendo en un temor constante de qué va a pasar con nuestras vidas.

Me he refugiado en una rutina aplastante, escapándome cada vez que puedo hacia la soledad.
A veces me he esperanzado un poco, pero el temor a darme de nuevo con la realidad me ha endurecido el corazón, me ha convertido el alma en un ente escéptico.

Reconozco que estoy enfermo y que he cometido muchos errores.

Tengo que admitir que en más de una ocasión he dificultado el camino de la recuperación de mi compañera. Pero debido a que ella aparenta no querer tomar la decisión de recuperarse y por estarse hundiendo cada vez más, a pesar de todo a lo que nos hemos sometido a nivel médico y profesional, incluyendo trabajo de grupos, siento que se me han agotado las fuerzas. Temo que el amor poco a poco entre nosotros desaparezca.

Estoy saturado de opiniones, teorías y manipulaciones sicológicas, el sufrimiento me ha desgarrado las entrañas y al igual que mi compañera me siento herido, maltratado y mal entendido.

Actualmente soy una persona de poca fe, alejado de Dios, lo cual es grave, pues me hace carecer de una herramienta poderosa para poder atender y sobrellevar las vicisitudes, además de la propia existencia.

Estoy simplemente a la espera de que algo suceda, malo o bueno. No sé, pero me veo a mi mismo observando cómo se desgasta una familia, corno se enferman unos hijos, como se dejan de querer y desear dos personas, eso sí, sufriendo mucho, sufriendo mucho.


R. G.

© 2004 Fundación Fenix. Derechos Reservados / República Dominicana / Tel:(809) 683-4029 /  Fax:(809)566-6582 / fundafenix@fundafenix.org.do / Diseñado por Carlos Andrés Luna / webmaster@fundafenix.org.do