Efectos de la enfermedad de la adicción en la familia
La adicción es todavía una enfermedad estigmatizada. Esto hace más difícil que el adicto la reconozca y también dificulta la aceptación, por parte de la familia, del hecho de que la enfermedad de la adicción existe en su seno.
Ya no es posible considerar la adicción como una enfermedad que afecta únicamente al adicto. Otros miembros de la familia reaccionan ante la enfermedad, que tiene efectos perturbadores en la personalidad de cada uno de sus integrantes. Por eso, el tratamiento más exitoso para la adicción es aquel que brinda ayuda, tanto al adicto corno a aquellos miembros de la familia que están involucrados directamente en el comportamiento de este.
Efectos en la familia
¿Cómo sería vivir con un volcán activo cerca de tu casa? Tú nunca sabes cuando el volcán puede entrar en erupción v destruir todo lo que tienes v todo lo que amas. Te encuentras viviendo con la constante amenaza de que la vida, como la concibes actualmente, puede cambiar drásticamente o terminar en cualquier momento.
El volcán siempre está ahí. No importa lo que hagas, no puedes ignorarlo ni pretender que no existe, porque muy dentro de ti, el temor de que el volcán pueda explotar en cualquier momento siempre estará ahí. Aún cuando te prepares y desarrolles planes para minimizar los electos del desastre, tarde o temprana darás cuenta de que esos esfuerzos son inútiles, debido a la fuerza y el poder del volcán.
¿Por cuánto tiempo podrás seguir viviendo así?
Mientras este ejemplo habla de una situación extraordinaria, la tensión que describe es similar a aquella experimentada por un adicto y sobre todo por los miembros de la familiar del adicto.
La adicción crea una sombra de incertidumbre sobre la vida de aquellos que son más cercanos al adicto.
Preguntas cómo:
— ¿Por cuánto tiempo más va a seguir así?
—¿Se volverá violento cuando consuma?
—¿De quó humor estará cuando regrese a casa?
—¿Nos avergonzará en la fiesta con su comportamiento?
—¿Cuál será la próxima crisis?
—¿Cuándo o dónde terminará?
La situación y los detalles específicos pueden variar de persona a persona, pero el tema general de la angustia en todas estas preguntas es común a todos los miembros de la familia del adicto.
Como vemos, el adicto no es el único que sufre como consecuencia de esta enfermedad. Cada adicto tiene impacto en por !o menos otras cuatro personas, siendo la esposa y los hijos los más fuertemente influenciados.
El desconocimiento de la enfermedad por parte de los familiares ha propiciado la creación do mitos alrededor de la adicción.
Mitos de la esposa y otros familiares
Mito I
El adicto es el único que tiene problemas.
Cada vez que la vida de otra persona es alterada por la adicción de un familiar, o por el temor de que ese familiar consuma, el problema ya no es sólo del adicto.
Cuando alguien trata de controlar el uso o la bebida de este, contando los tragos, vaciando botellas, registrando la casa buscando "algo", está tratando de controlar la vida del enfermo, sin darse cuenta de que eso es algo totalmente fuera de su alcance.
Cada vez que se avergüenza de las escenas que el enfermo hace en público, no tarda en sentirse culpable, conllevando los males, temores}" culpa del adicto, aunque en privado esta vergüenza se convierte en acusación.
Todo su pensamiento se concentra en lo que hace el adicto, en lo que no hace y en lo que podría hacerse para que éste dejara la adicción. Esta es su obsesión.
Comienza a cometer el error de encubrirlo y le arregla todo. Le excusa, miente y hasta trata de enmendar relaciones que se habían echado a perder, y por lo tanto su preocupación va en aumento. Esta es su angustia.
El familiar empieza a darse cuenta de que el adicto descuida sus responsabilidades, que miente y se aprovecha de él, se imagina que no le quiere y desea tomar revancha castigándole para que sufra las heridas y frustraciones causadas por su adicción incontrolable. Esta es su ira.
Pero el peor ejemplo de su negación es cuando empieza a fingir, a engañar a otros y engañarse a si mismo, aceptando promesas del adicto, y hasta se convence de que el problema ha desaparecido cada vez que hay un período de sobriedad y aún sabiendo que esto no es del todo real, sigue ocultando sus sentimientos y pensamientos.
Mito 2
La adicción puede controlarse
Ni regañar, ni amenazar, ni vaciar botellas o esconder sustancias, puede parar la progresividad de esta enfermedad. Esta táctica puede hacer una diferencia por corto tiempo, pero a la larga, las heridas de la desconfianza, de la rabia contenida, y de la soledad se harán más profundas.
Quizás este sea el peor daño que sufren los familiares de un adicto. El pensamiento persistente y tenaz de que la culpa es de ellos, de que no han estado a la altura de las circunstancias, de que pudieron haber cumplido mejor sus roles familiares, de que no poseen la inteligencia suficiente para haber resuelto el problema de su ser querido, y lo atribuyen a algo que hicieron o que dejaron de hacer.
Si los familiares del adicto aceptan esta acusación como verdadera, se convierten en * mejores personas" para complacer al adicto, pero están destruyendo toda su estima y llevando solos toda la carga de la enfermedad.
Mito 3
El adicto no es realmente responsable por su a dicción y necesita a alguien que le cuide.
Tratando de evitar dolor o problemas, los familiares se dejan guiar por el instinto natural de ayudar a otros. Desafortunadamente, con el adicto las buenas intenciones a veces empeoran las cosas.
Mientras el adicto tenga a alguien que le permita seguir actuando como hasta ahora, que le "ayude", que le "facilite" su adicción, aceptando la culpa de la enfermedad, pagando la fianza, elaborando excusas o construyendo una coraza protectora alrededor del adicto, éste nunca será responsable ni de su adicción ni de las consecuencias que de ésta se deriven.
Rabia, temor y frustración son las emociones que prevalecen en el familiar del adicto. Negación, control y ayuda permisiva (los tres mitos) son formas de mantener esas emociones controladas. Lo que encierran esas emociones se convierte en una forma de sobrevivir, más que de vivir.
Efectos en los niños
Los niños también experimentan dolor físico y emocional, así como abandono, en consecuencia de esta enfermedad. Como los padres están atrapados en la lucha con la adicción, no pueden estar totalmente presentes en las necesidades del crecimiento de los niños. Uno de los padres, el adieto, tiene la enfermedad orno centro de su vida, El otro padre, el co-dependiente, está preocupado en controlar la adicción de su cónyuge. Entonces no queda mucho que darle a los niños.
Con la enfermedad a cargo del hogar, los padres ya no están seguros de qué significa ser una persona sana y funcional. No habiendo desarrollado esos valores por si mismos, no saben cómo transmitirlos a sus hijos. Terminan transmitiendo mensajes negativos que van en detrimento de la personalidad vulnerable de los jóvenes.
Los niños que crecen en hogares adictos se habitúan a vivir con temor, rabia, baja autoestima, inseguridad, soledad. Esos sentimientos, lejos de superarse van arraigándose más y más en el desarrollo de sus vidas.
Como la esposa del adieto, los niños viven también con ciertos mitos, los cuales son más difíciles de entender, porque toda su existencia ha estado centrada en ese miembro invisible de la familia
Mito 1
Yo puedo arreglar cualquier cosa que esté mal en casa, si soy lo suficientemente bueno o suficientemente malo.
Esto se debe a que el niño de un hogar adicto piensa que la adicción de su padre o de su madre es su culpa. Si me hubiese portado mejor, no hubiera bebido (No importa lo que haga o cómo me comporte, el resultado siempre será el mismo: la frustración).
Corno los padres están tan envueltos en la lucha con la enfermedad, los niños no desarrollan un correcto y saludable sentido do la estima. Corno consecuencia comienzan a creer que ellos no son tan buenos como otros niños con padres sanos, quienes asisten a las funciones escolares, pasan tiempo extra en actividades con sus niños y son capaces de expresarles amor.
Mito 2
Ninguna otra familia es tan mala como ésta,
Los niños de estos hogares viven con el temor constante de que su secreto sea descubierto, porque como el ambiente os tan inestable, ellos nunca saben que esperar. Aprenden adivinando a discernir lo que es normal v funcional. Son capaces de crear una coraza exterior para esconder todo el dolor y el temor con el que viven,
Mito 3
En nadie se puede confiar.
Los niños piensan que es mejor no hablar de este tema porque la gente1 no entendería, y pensaría que el problema está realmente (Mi ellos, porque no provienen de un llorar perfecto. Al ser heridos a menudo, los niños aprenden que es más seguro no confiar en nadie más que en sí mismos, porque han entendido, de mala manera, que las promesas generalmente se rompen v que lo que los padres u otros mayores dicen, muchas veces es diferente a lo que hacen.
Aun cuando el padre adicto entra en un programa de recuperación, el niño sigue esperando que todo se derrumbe v vuelva a ser como antes. Es la forma como evita el dolor, aún sacrificando sus propias creencias y sentimientos, porque siempre hay una crisis en el horizonte del familiar de un adicto. Esto es sobrevivir, no es vivir.
Estas experiencias vividas por los niños de hogares adictos se llevan hasta la vida adulta, porque ha sido la referencia que han tenido en cuenta de cómo se forma una familia e incluso el mundo.
Si hacemos un paréntesis para analizar lo que hasta ahora hemos tratado, nos daremos cuenta de que en muchos casos, la familia está aún más afectada que el adicto.
La familia cesa de ocuparse de su autosuficiencia v puedo que comience a solicitar una ayuda que a menudo acarrea sentimientos de perdida de su propia dignidad. Es cuando la familia comienza a preocuparse mucho acerca de su salud mental.
Poro realmente ¿qué quiere decir buena salud mental?
Los expertos utilizan expresiones tales como:
Sentir confianza en si mismo. Estar a gusto consigo mismo. Estar interesado en el otro y ser considerado. Ser capaz de hacer frente a las necesidades de la vida.
En lo que se refiere a la vida familiar, los ideales serían descritos como ser el sostén, ser cooperativo, flexible, tolerante y confiable.
Aunque no es fácil alcanzar estos ideales en la vida familiar v personal, algunos lo logran, por lo menos en parte, de vez en cuando. Sin embargo, para una gran cantidad de personas que viven con el problema de la adicción, estos momentos de satisfacción personal y vida familiar placentera resultan muy escasos y de corta duración. La vida les resulta poco feliz y en ocasiones la felicidad no existe en absoluto ¿Por qué?
En lugar de centrar su atención en la persona que más “obviamente” necesita ayuda, deben centrarse en “examinarse a si mismos” ¿Cómo es que inconscientemente se han convertido en sus propios enemigos (y del adicto también), mientras se lucha por ayudar a otro?.
Aprender a entender cómo sus ansiedades, enojos, resentimientos y preocupación por el problema del otro mas bien lo agravan v mantienen, en lugar de resolverlo, resulta un proceso largo y lento.
Una vez que los miembros de la familia aprenden a reflexionar sobre lo que está pasando en su vida, una vez que pueden ser realistas y optimistas al mismo tiempo, v una vez que han comenzado a observar con cierta exactitud, cómo se han involucrado en el problema de la adicción, es cuando realmente pueden llegar a tener una nueva apreciación de la vida.
Un elemento clave para tener esta nueva visión de la vida es el "desprendimiento con amor".
Desprenderse emocionalmente, entender que no se tiene el poder de cambiar a otras personas, que se puede amar a un adicto -aunque se tenga que dejarlo, si fuera necesario- porque no se puede hacer que él sea diferente, es una terrible y al mismo tiempo maravillosa verdad.
Paradójicamente, el desprendimiento con amor le ayuda a descubrir su propia vida espiritual, que está también en manos de un Poder Superior. Le ayuda a conocer una forma de amor más elevada de la que pudiera haber conocido cuando estaba preocupado por el adicto, siempre adivinando el siguiente movimiento, el siguiente desastre.
Tratar de mantener al adicto fuera de problemas, alegrándole. alentándole a recobrar su persona, es un acto de amor. Pero ¿no se requiere de un amor más grande para ayudar únicamente cuando es verdaderamente necesario y finalmente permitir que el adicto conozca las consecuencias de su comportamiento? ¿Cómo es posible establecer el limite entre lo que se ha de hacer para mejorar la situación y lo que no se puede hacer?
El amor se vuelve desesperación cuando la gente no puede reconocer hasta que punto ayudar a otros ha sobrecargado su fardo de responsabilidades. Una vez que se reflexiona sobre la diferencia entre las cosas que se pueden hacer para ayudar a otros y las que no podemos hacer —especialmente con las personas a lasque más se ama—se comienza a sentir mayor confianza en sí mismo, y como consecuencia, se es más paciente con las personas que se ama. más tolerante, pero sobre todo, y es lo más importante, se vuelve más capaz de tomar decisiones correctas para sus vidas.
Sólo se puede amar a los demás y ayudar cuando se está en paz con uno mismo. Cuando valoramos nuestra propia dignidad y lo que somos como seres humanos, estamos mejor capacitados para compadecernos de los demás.
Dicen que la pena es inevitable pero que el sufrimiento es optativo. Si aprendo a aceptar que la pena es parte de la vida, estaré mejor preparado para soportar los momentos difíciles y luego avanzar olvidando la pena, siempre pidiéndole a mi Poder Superior, tal v como dice Peter Marshall (libro Valor para cambiar un día a la vez en Al-Anón II, Pag. 83), que cuando anhele una vida sin dificultades me recuerde que los robles crecen con fuerza con vientos en contra y los diamantes bajo presión.
La recuperación no significa que tengo que ser una persona diferente: significa que necesito empezar a ser yo misma otra vez v hacer un esfuerzo para siempre recordar que no solo soy una persona, sino un ser humano maravilloso.
M. I E. |