La recuperación de la adicción es un proceso de por vida, donde prima la reeducación del carácter, del mundo emocional y los hábitos de la persona adicta. Esta persona sabe que su enfermedad es crónica y que su meta básica es el no consumo. Para lograr esto tiene que aprender, a través de un proceso terapéutico, a entender el patrón emocional y conductual que lo lleva al consumo de sustancias tóxicas, legales o ilegales.
Generalmente las raíces de este patrón están enterradas en su infancia y para llegar a ellas se necesita el uso de técnicas terapéuticas potentes, que permitan el acceso al inconsciente. Es en el inconsciente que están almacenadas todas las vivencias experimentadas desde que se estaba en el vientre materno hasta el presente. Pero , lo que está guardado ahí no es la historia objetiva y “real” de lo que pasó en su infancia, sino la percepción subjetiva del niño o la niña que fue, con sus carencias, sus fantasías irreales y el pensamiento mágico propio de la primera infancia o el pensamiento rebelde de la temprana adolescencia.
Esta percepción infantil subjetiva se comprueba en los mellizos y en los hermanos que tienen poca diferencia de edad, donde un mismo hecho, evento o realidad es interpretado con connotaciones opuestas. Por ejemplo, para uno “el papá bueno y la mamá difícil” y para el otro “la mamá víctima y el papá abusivo”. ¿Cuál de los dos está en lo correcto? Ambos, pues lo que importa aquí no es la “realidad” histórica sino la “realidad” personal, de cómo cada quien internaliza su historia de vida y las decisiones internas que determinarán su inserción en el mundo adulto, con una actitud productiva y constructiva o con una actitud improductiva y autodestructiva.
Tanto el adicto como cualquier persona, que le interese su crecimiento personal, le conviene explorar, revisar y sanear su mundo interior. Así podrá vivir la liberación de una serie de fantasmas del pasado, que ya no existen y que siguen teniendo vigencia en su inconsciente. Podrá limpiar su “casa interior”, reordenarla con percepción adulta, hacer los perdones de lugar (incluyendo a si mismo/a) y decorándola con unas nuevas cualidades del carácter que crea para sí.
“Por mucho tiempo viví pensando que mi vida estaba a punto de arrancar, pero siempre había un obstáculo que superar, algo que resolver o una deuda pendiente. Luego empezaría a vivir de verdad. Al fin entendí que esos obstáculos eran mi vida”
(Alfred D´Souza) |