Muchas veces pensamos que el mundo no nos trata como merecemos y culpamos a los demás de nuestras fallas y desilusiones. Sin embargo, la verdad es que el modo como nos trata el mundo es un reflejo de cómo nos tratamos a nosotros mismos.
Se sufre y se hace sufrir por no cambiar la – programación- que tenemos en nuestras mentes. Hay realidades que podemos cambiar, pero ante otros, lo sabio es crecer en adaptación y realismo.
“Cambia tú para que cambien los demás”.
En cierta ocasión alguien le pregunto a Galileo Galilei : “¿Cuántos años tiene su Señoría?” Ocho a diez, repuso Galileo en evidente contradicción con su barba blanca, y luego explicó:
Tengo en efecto, los años que me quedan de vida; los vividos no los tengo, como no se tienen la monedas que se han gastado.¨
Crecemos en sabiduría si valoramos el tiempo como lo hacia Galileo.
Decimos con asombro : “¡Como pasa el tiempo!” Pero en realidad somos nosotros lo que pasamos. Acá estamos de paso. Somos peregrinos y es bueno pensar en la meta que nos espera. La certeza de que nuestro caminar terrenal tiene un final, es el mejor recurso para valorar mas cada minuto. Así podemos aprovechar lo único que tenemos: el presente con toda su realidad.
En lugar de alfombrar todo el mundo para no tropezar, es mas fácil que te calces unas zapatillas en vez de pretender que todo se adapte a ti.
Conviene disfrutar cada día como si fuera el último . El ayer ya se fue y el mañana no ha llegado.
¡Aprovecha el hoy!
¡Tu hoy!
Eres realista cuando aquí y ahora eliges lo mejor para ti y los demás sin lastimarte ni lastimar.
¡Que Dios te ilumine y te bendiga siempre!
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