El Alcoholismo es el problema de salud más grave que existe en República Dominicana. Así lo demuestran los más serios estudios llevado acabo sobre esta fenomenal, dolorosa y sorprendente realidad.
Conociendo a fondo y en carne propia la magnitud de esos problemas, no llego a entender por qué razón se le da más importancia y se invierten cantidades enormes de dinero en hablar de adicciones a las drogas prohibidas. Tampoco llego a aceptar, aunque sin sospechar la razón, de por que el alcoholismo está constantemente inducido, publicitado y promovido a través de multimillonarias campañas que incitan su consumo.
Quiero aclarar que no he pertenecido ni pertenezco a ninguna liga de temperancia; y deseo también expresar que me siento incapacitado para estar en contra de las industrias licoreras y menos aún de las agencias y medios publicitarios. Estoy consciente de lo importante que es para el hombre luchar en contra de una corriente de poderes enormes que pueden estar sinceramente equivocados.
Se sabe que se han llevado a cabo varias visitas públicas, por lo menos para controlar el profuso bombardeo publicitario y los resultados no se han manifestado todavía y difícilmente podrán hacerse notar a corto plazo. Tal vez sucederá algún día, cuando se manifieste la conciencia de Dios en los hombres y se comprendan y admitan las consecuencias del pecado y se crea en el Cristo verdadero que viene detrás de aquella voz que clama en el desierto.
Pero no quiero salirme del tema que motiva esta colaboración de hoy. Mi objetivo es que se conozca el alcance del alcoholismo y que no nos dejemos cegar solamente por las grandes discusiones y explicaciones científicas que acaparan la mayoría de las fuentes de información, hablando de drogadicción como si este fuera realmente un problema de alcance superior al alcoholismo.
Con toda honestidad, los científicos y psiquiatras que tratan el problema de las adicciones se centran básicamente en lo que es drogadicción, refiriéndose con más énfasis a la adicción a drogas, tales como la cocaína, el crack, psicofármacos (que a mi se me antoja llamar drogas "secas", para tratar de diferenciarlas del alcohol como droga) y otras. Pero el alcoholismo queda como un problema subyacente, aunque no ignorado del todo. Y es una pena que esto sea así, porque éstos mismos profesionales que hallan dándole prioridad a la adicción a las drogas "secas", tienen que saber que el alcoholismo es una enfermedad tan grave que no puede soslayarse ni relegarse a un segundo lugar ni menos preciarse como se hace regularmente.
Primero quiero decir que el alcoholismo data desde que el hombre es hombre y aunque no existan las bebidas alcohólicas de hoy, se usaban sus equivalentes. Pero de todos modos, como he expresado en otras ocasiones, ya por el siglo XVIII o antes, se había identificado el alcoholismo como una enfermedad.
A partir de un articulo revelador redactado por un famoso escritor en uno de los principales diarios de Nueva York, el periodista Jack Alexander, aludiendo los extraordinarios resultados obtenidos por el grupo de Alcohólicos Anónimos se crea la máxima revelación sobre el alcoholismo y se le atribuye a esta agrupación la mayor eficacia y autoridad en el tratamiento del alcoholismo como una enfermedad.
Hasta entonces, y aún después, la palabra drogadicción no existía, pues las drogas "secas" no habían aparecido como un problema que pudiera llegar a la magnitud que tiene hoy.
Para esa época en que entra en boga el tratamiento de Alcohólicos Anónimos, se había calculado que entre un 6 y un 7 por ciento de los hombres y mujeres que consumían bebidas alcohólicas ocasional o socialmente se conviertan en alcohólicos. Según las estadísticas de hoy, hay un 10 por ciento de adictos al alcohol y a otras drogas. Por un simple cálculo matemático, es fácil advertir que, en términos cuantitativos, existe un drogadicto por cada tres alcohólicos.
Ahora bien, podría justificarse de algún modo que la adicción a otras drogas es peor que la adicción al alcohol? De ninguna manera, pues aunque la drogadicción es divulgada hoy, no es verdad que sea más digna de tomarse en cuenta menospreciando, por no decir ignorando, la gravedad del alcoholismo.
Como me consta que a nivel masivo, el tratamiento más efectivo es el de Alcohólicos Anónimos y sus filiales, próximamente seguiré tocando su importancia, por que el alcoholismo no puede ni debe ser menospreciado como enfermedad o como tragedia, que "el enemigo" esta ocultando con marcado "interés" para evitar que sea combatido como debe ser. |