Razones sociales culturales y biológicas determinan aspectos distintivos de la mujer ante el uso y abuso de sustancias psicoáctivas, por tanto es necesario conocer esta realidad antes de diseñar programas encaminados a prevenir o tratar esta problemática en la población femenina.
El consumo de sustancias ilegales ha estado más asociado al sexo masculino, pero de la misma manera la mujer se ha vinculado más al uso de psicofármacos(1).
Muchas veces detrás del uso de psicofármacos por las mujeres, está la perspectiva médica tradicional de que "todas las mujeres están un poco locas" relacionando este estado a condiciones biológicas características del sexo femenino.
Esta preferencia de sustancia por la mujer también esta relacionada al hecho de que ella es quien más acude a la consulta psiquiátrica, empeñada en responder satisfactoriamente a las expectativas sociales y culturales de su rol, entiende que siempre debe estar "bien" para mantener la armonía del hogar.
Además del abuso de psicofármacos, es preocupante observar cada vez más mujeres involucradas en el consumo de alcohol. Ahora es muy común ver mujeres solas tomando en lugares públicos y muchas jóvenes tomando a la par con sus compañeros. Aunque no conocemos datos estadísticos, consideramos que también la proporción de mujeres consumidoras de drogas ilegales va en aumento.
Las mujeres que abusan de drogas, son estigmatizadas, lo cual hace más difícil para ellas romper con la negación, mecanismo de defensa de la enfermedad, por temor al juicio social. De la misma manera al no poder responder a los roles asignados, la mujer maneja un mayor sentimiento de culpa cuando padece la enfermedad.
En nuestro medio se admira a la mujer sacrificada, sufrida, victima y sumisa; se entiende que asume estas posturas para defender su familia. Esta valoración hacia ella la predispone a desarrollar la enfermedad de la codependencia, cuando existe un miembro adicto en el hogar. Como sabemos, el codependiente se afecta en todos los aspectos de su vida. Las frustraciones, ira, miedo, vergüenza, culpabilidad... que se generan pueden ser detonadores para el abuso de psicofármacos.
Las mujeres son las que en primer lugar proporcionan atención en la salud, y en la educación de su familia, a pesar de estar insertada en el mercado laboral, sigue siendo la mayor responsable de las tareas domésticas, pero si abusa de drogas su capacidad de desempeñar estos roles se ve gravemente disminuida, por tanto las consecuencias son mayores para la familia, cuando es la madre que padece la enfermedad.
En otro orden, estudios han demostrado que no existe una causa directa entre el uso de sustancias psicoactivas y la conducta violenta, sin embargo estos sucesos se presentan frecuentemente juntos. El consumo de drogas por el agresor precipita la actitud violenta y la agrava. También el agresor puede buscar permiso social en el consumo de alcohol para ejercer violencia, por lo que nos vale creer que las mujeres sufren mayores consecuencias de la violencia. En los Estados Unidos el 50% de los casos reportados de incestos, están relacionados con el abuso o adicción al alcohol y otras drogas (2).
Ferreira, citado por Angelina Piada, señala que en la violencia de pareja el 1% de la esposa maltrata al marido, el 23% se da la agresión mutua en relativa igualdad de condiciones, en tanto que en el 79% el hombre ataca a la mujer (3).
Por otro lado, durante una relación sexual la persona que recibe los fluidos tiene mayor riesgo de contraer infección de la pareja. Cuando una persona está bajo los efectos de las drogas sus habilidades de razonamiento y toma de decisiones están afectadas, de manera que la mujer podría aceptar sexo sin protección.
A muchas mujeres la enfermedad de la adicción la lleva a prostituirse para mantener el consumo. En las que ejercen la prostitución, por otras razones el consumo de alcohol está presente, y más aún según informantes claves en los prostíbulos se abusa de sustancias ilegales, donde los clientes obligan a las mujeres a consumirlas.
Un estudio llevado a cabo en los Estados Unidos, (Citado por For-selledo 1996) revela que el 80% de los hombres que se inyectan drogas, tienen relaciones sexuales con mujeres no consumidoras con los riesgos que esto implica para la transmisión sexual de enfermedades.
Otra consecuencia está relacionada con la mujer en edad fértil, el nivel nutricional de la madre, la situación socioeconómica, la atención prenatal entre otros factores, es tan relevante para el desarrollo del feto, como el uso de drogas por parte de la madre durante el embarazo.
Con relación al consumo de Tabaco un estudio (Takco, citado por Forselledo 1996) reveló que al menos 28 de mil niños nacidos muertos son consecuencias del hábito de fumar de la madre durante la gestación. Los niños de madres fumadoras tienen más riesgo de nacimiento prematuro y bajo peso.
El consumo excesivo de alcohol por la embarazada, puede traer como consecuencia el síndrome de Alcohólico Fetal, el cual consiste en una serie de trastornos físicos como deformaciones faciales y de las extremidades, además trastornos de comportamiento en el niño.
El consumo de cocaína puede provocar muertes prenatales y neonatales, asi como nacimientos prematuros o fetos con dificultades del desarrollo (4).
Como hemos visto, dadas las consecuencias particulares para la mujer, ante el abuso de drogas, los programas de tratamiento y prevención deben ser diseñados con un enfoque de género, donde se pueda responder a las necesidades específicas del sexo femenino.
1 Forcelledo, Gustavo aproximación al impacto del abuso de Drogas en la mujer, OEA, CICAD, UN 1996
2 Arina, Jesús Los Efectos de la Adicción en la Familia, Universidad de Miami.
3 Plada, Angelina La violencia Doméstica como Factor de Riesgo en el uso indebido de Alcohol y Drogas. 1996 Reunión de grupo de consulta
4 Foster, Jill Factores para el uso indebido de drogas en las mujeres. CICAD 1998. |