Diariamente recibimos llamadas o leemos en el periódico sobre personas que dicen tener un familiar con problemas de adicción, pero que no quiere ayuda, estos son familiares que se enfrentan a uno de los mecanismos de defensa más fuertes de esta enfermedad: la negación del adicto.
“Nadie que utilice el mecanismo de defensa de la negación hace una elección consciente de excluir la realidad, de usar anteojeras a fín de dejar de registrar con precisión lo que dicen y hacen los demás, como nadie en quien opere la negación decide dejar de sentir sus propias emociones. Simplemente sucede a medida que el yo, en su lucha por proporcionar protección contra los miedos, las cargas y los conflictos abrumadores, cancela la información que resulta demasiado problemática (Mujeres que aman demasiado, Robin Norwood. Pag. 171).”
El mecanismo de defensa de la negación también se identifica en los familiares cuando no sospechan o justifican los problemas de droga en el sujeto facilitando la progresión de la enfermedad hasta niveles crónicos. Admitir que su esposo/a o hijo/a tiene problemas de sustancias o conductas adictivas lleva al familiar a preguntarse ¿Qué hice mal? ¿En qué fallé?, es como si algo de sí mismo no estuviese funcionando adecuadamente. La cultura Dominicana o de mamá gallina inculca el ocuparse de otros como si fuera uno mismo generando sentimientos de culpa y frustración cuando no lo hacemos así. La familia gira alrededor del enfermo, al igual que él gira alrededor de la sustancia o la conducta adictiva, la mayor parte del tiempo lo emplea en tratar de evitar el uso de drogas, de vigilarlo, de motivarlo, de juzgarlo, de sermonearlo... de controlarlo; así se va desarrollando la enfermedad de la codepedencia.
¿Qué pasa mientras tanto con el sujeto que consume drogas?... las personas piensan que es algo tan simple y sencillo como que se está haciendo daño a sí mismo porque es un vicioso, obviando la realidad científica y terapéutica.
Imagínese lo difícil y ambivalente que es estar usando "algo" que en el colegio, la familia y todos los medios de comunicación han dicho que hace daño, y en el fondo mi cerebro racional sabe que me está haciendo daño, pero a mi cerebro instintivo le gusta porque está de moda, porque puede ser abierto, porque conquista el mundo, porque trabaja más, porque se siente más relajado y/o más creativo, hasta que finalmente lo necesita para vivir porque se ha convertido en un adicto cuyo cerebro racional está anestesiado. Pensemos por un momento todas las veces que ese enfermo les ha afirmado de que las cosas no están tan deterioradas como inicialmente usted pensaba y logran convencerlos porque ellos también se creen a si mismo que saldrán victoriosos aun bajo efectos de sustancias o conducta adictiva, la enfermedad biopsicosocial de la adicción arropa el cerebro por completo y es necesaria una barrera muy fuerte que oculte la realidad de que su vida es ingobernable.
Esta es la ambivalencia del que usa drogas o tiene una conducta adictiva. En el adicto los mecanismos de defensa como la negación le convencen de que todo está funcionando bien, de que nunca estará como otros amigos vendiendo artículos, pidiendo en la calle, robando o en un programa de tratamiento. En fin, le asegura que todo está bajo control y lo que no funciona en su vida se debe a cualquier otra circunstancia, menos a la droga o conducta adictiva.
De estas reflexiones podemos deducir que el deseo de tener control de los familiares lucha con la ilusión de tener control del adicto. ¿Qué hacer ante este dilema?. Profesionales de la adicción y familiares en recuperación, hablan de aceptación y amor con disciplina. El adicto que quiere programa de recuperación es el que se rinde ante las drogas. El DSMIV, menciona que para diagnosticar trastorno por abuso de sustancias es importante el criterio de "no poder parar" a pesar de las consecuencias negativas. Sentirse solo, la cárcel, el divorcio, no tener con qué consumir; son algunos de los factores que facilitan que un paciente “toque fondo” y busque ayuda. “Una de las paradojas de la adicción, es que al tocar fondo y llegar a la desesperación, los adictos finalmente renuncian a su estilo de vida adictivo”. Querer no es poder, Arnold M. Washton. Pag. 175.
Como familiar usted dirá ¿Cómo voy yo a hacerle esto, si me están diciendo que es un enfermo? Los sentimientos de pena y culpa aparecerán y es permitido sentirlos, pero lo adecuado es que no determinen nuestro accionar.
El usuario experimenta las resacas morales en las cuales la negación se rompe por pequeños momentos y se recrimina a sí mismo, prometiéndose que no usará al día siguiente, honestamente está convencido de que será así, pero su cerebro le demanda su droga o conducta de preferencia. El familiar debe anteponerse a los sentimientos de culpa, pena, rabia o vergüenza y ayudar a provocar un choque con la realidad a través de las consecuencias, al igual que con los niños, recuerde no amenazar con lo que no está dispuesto a cumplir.
En el ejercicio de esta profesión he visto usuarios que mueren con la aprobación inconsciente de los familiares que le facilitan dinero y/o medio de subsistencia y también he visto adictos que viven con los familiares bajo el uso de sustancias y que cuando uno de estos facilitadores fallece, el adicto "llora" la muerte de un proveedor económico, no la pérdida afectiva porque su cerebro enfermo no está capacitado para sentimientos reales en ese momento. “Admitir la impotencia, lo ingobernable que se hace la vida y buscar la ayuda que se necesita, son hechos indicadores de la entrada a la realidad”. Guía para la familia con problemas de alcohol y otras drogas.... Doris Arraya. Pag. 187.
Tratar de que el otro cambie es utópico, debemos cambiar nosotros aceptando la realidad de que somos impotentes, haciendo cambios mediante la literatura, grupos de auto-ayuda o asistiendo a un profesional que nos oriente, el familiar acepta su negación cuando admite que está tan enfermo como el adicto y que necesita ayuda a través de un proceso de recuperación trabajando su codependencia. «Te quiero en recuperación no destruyéndote lentamente», es la frase del familiar consciente para con su adicto. |