El cerebro del ser humano no solo es la parte más fascinante, como lo llama Morris, sino "Es la que decide que hacer y si la decisión es correcta o incorrecta" (Morris 1997-p. 49).
Sus diferentes partes le dan al individuo su condición de ser humano único, pero a la vez igual a otros, en funciones comunes como las correspondientes a: las áreas motoras y sensoriales. Que el cerebro sea el responsable de nuestra conducta, es ya un tema que no necesita mayores explicaciones, pero que este se vuelva contra el individuo mismo, llevándolo a atentar contra su propia vida, si es un tópico desconocido.
Esto es precisamente lo que ocurre cuando se da un consumo de drogas o conductas adictivas, tales como: el juego, sexo, comida o deporte, que rompen el delicado equilibrio de la química cerebral.
Los neurotransmisores son los químicos responsables de nuestras emociones, estados de ánimo, motivación, capacidad de atención, el sueño y muchas otras funciones que nos hacen la vida placentera o dolorosa. Justamente esta conexión con la vida afectiva y emocional, es el punto de unión con el consumo de drogas o alteradores del estado de ánimo, ya que se ingiere o se actúa para tranquilizarse, estimularse o entrar a un mundo irreal. Sin embargo, el uso prolongado en algunos favorece la aparición de la enfermedad de la adicción y con ella pierde el cerebro su facultad de producir un comportamiento de supervivencia y se convierte en un "cerebro secuestrado" (Amaya 1999).
La condición de inversión del papel del órgano más importante para la vida, es lo que explica, como dice Amaya (1991) el impulso irracional del enfermo adicto por conseguir la droga, pese a estar destruyendo su vida. El mensaje que recibe es "consumes o mueres", cuando la realidad es que el consumo lo está matando.
Para revertir esta condición a todas luces, en contra de la supervivencia de la vida, la abstinencia total de todo alterador de las emociones, es una condición de primer orden para muchas instituciones y hospitales que trabajan hoy día en el mundo para insertar de nuevo a los enfermos adictos en la sociedad y devolverles a su cerebro su verdadera condición de rector de supervivencia.
La abstinencia, es el primer paso de una cadena de cambios necesarios para reestablecer el equilibrio químico en el sistema nervioso. El segundo, será atender la parte emocional y espiritual; esto porque a la par que se dan los proceso bioquímicos en el cerebro, ocurren variaciones a nivel psicológico; específicamente en los mecanismos de defensa, proceso completamente inconsciente y que tiene como objetivo evitar que el enfermo adicto entre en contacto con sus emociones y perciba su cada vez más deteriorada autoimagen (Johnson 1980).
Los mecanismos más utilizados en esta patología son: negación, proyección y racionalización y como ocurre con otros enfermos, cuya estructura de personalidad recurre a estas defensas inconscientes, se llega a perder contacto con la realidad. Bean_Bayog, psiquiatra de la universidad de Harvard, llama a esta ruptura con la realidad "micropsicosis". Esto le evita enfrentar la realidad y que alguien, o él mismo interfieran en el uso de la droga (Washton y Boundy, 1991).
Es como si la psique aportara con lo que está a su alcance, para que el cerebro continúe al servicio de la conducta adictiva. Con el propio cerebro en su contra, no es de extrañar que el paciente adicto se le dificulte pedir ayuda, pero cuando lo hace y logra mantener la abstinencia, lo segundo será enseñarle a relacionarse con él mismo y los demás, de una manera diferente.
Para tener éxito en la recuperación, la confrontación de las actitudes inadecuadas ha probado ser el método idóneo para lograr que los pacientes sean receptivos al cambio y bajen las resistencias al mismo. El medio por excelencia para que ocurra esta transformación es la terapia de grupo (Grana, 1996).
Sin embargo, siendo esta enfermedad tan compleja, un enfoque netamente psicológico, no es suficiente. En ninguna otra se hace patente la necesidad de la visión holística del ser humano. Por ello, todo programa debe ser multidisciplinario e incluir profesionales de distintas ramas de la ciencia, para devolverle al cerebro su función de rector de la supervivencia. |