¿Qué significa la Fundación Fénix para Chabela?
Fundación Fénix es definitivamente una bendición del Señor. No tengo la menor duda de que Dios utilizoó a Doña Giralda, su Presidenta, para canalizar las inquietudes de muchas personas que veían a un familiar, un amigo, a un conocido sucumbir ante la enfermedad de la adicción y no poder hacer nada.
Fénix me ha dado la oportunidad de servir a través del dolor ajeno y tratar de llevar un mensaje de esperanza a aquellas familias que llegan destruidas, llenas de temor, de verguenza, incomprensión, dolor.... y que a través de las diferentes terapias que se ofrecen en la institución, logran cambiar esas emociones negativas en esperanza, aceptación, seguridad... y lo más importante es que recobran la fe en Dios y en sí mismas, y la alegría de vivir un día a la vez con paz y serenidad.
Es esto precisamente lo que nos mantiene comprometidos a la realización de nuevas metas, y así servir cada día con mayor calidad y eficiencia.
¿Qué motivos te indujeron a involucrarte en la Fundación?
En el año 1991 tuve la oportunidad de conocer al Dr. Ornar Mejía, en ese entonces Director del Programa de Tratamiento en Español del Hospital Mount Sinai de la ciudad de Miami y escuchar una serie de conferencias y talleres que despertaron cierta inquietud en mí, al comprobar el poco conocimiento que sobre el tema se tenía en el país y la práctica errónea con que se trataban los casos de adictos.
Recibí en ese tiempo la invitación de Doña Giralda para participar en este proyecto, que en aquel entonces era casi una utopía, pues contábamos tan solo con la buena voluntad de personas que confiaron en este equipo y en la posibilidad de ofrecer un servicio de calidad con un enfoque nuevo, diferente al que hasta entonces se conocía.
Hoy Fundación Fénix es una hermosa realidad que devuelve a la vida a los enfermos adictos y que ofrece a sus familiares una nueva perspectiva de sus problemas que generalmente conduce a soluciones positivas.
¿Cómo ves la Fundación en estos momentos?
Fundación Fénix es hoy, gracias a Dios, una institución sólida, con principios y metas claras y definidas.
Cuenta con un equipo técnico excelente, pues no solo son profesionales altamente calificados, sino también seres humanos sensibles y respetuosos ante el dolor y la dignidad ajenas.
Contamos también con la ayuda, muchas veces desinteresada, de un grupo de apoyo que realiza una maravillosa labor con nuestros pacientes. Son médicos, terapistas en diferentes áreas, física, recreacional, ocupacional..., adictos en recuperación que transmiten sus experiencias, su fe, su fortaleza y esperanza a aquellos que hoy lo necesitan y que les demuestran a nuestros enfermos que sí es posible la recuperación para volver a ser hombres y mujeres dignos y productivos a la sociedad.
Además la Fundación Fénix se beneficia de la asesoría de nuestros colaboradores internacionales como son el Dr. Ornar Mejía y la Dra. Doris Amaya, profesionales altamente reconocidos en materia de adicciones y que siempre han estado dispuestos a colaborar con la Fundación y que en nuestros inicios nos animaron a seguir siempre adelante y nos ofrecieron los conocimientos necesarios para estructurar nuestra institución de forma sencilla y eficaz.
Fénix es hoy un camino de una vía, ya no hay vuelta atrás.
Dios nos ha dado muestras fehacientes de que El nos apoya y no nos desampara, por eso cada uno de los que servimos en Fénix ha hecho también con El el compromiso de no desfallecer ante las precariedades y dificultades que se presentan y de tratar siempre de ser mejores para así poder dar lo mejor de nosotros mismos.
¿Con cuáles metas te identificas más en la Fundación Fénix?
Fénix tiene aun muchas metas más por desarrollar para tratar de llevar siempre mayor calidad en los servicios que ofrecemos.
Para esto estamos dando pasos para hacer realidad nuestro Programa de Tratamiento Residencial, que ofrece al paciente la oportunidad de concentrarse más en su recuperación, trabajando su programa en un ambiente idóneo, donde aparte de recuperar su salud, recobre también la fe en sí mismo a través del aprendizaje de oficios que le permitan ser útiles y productivos.
Pero especialmente, me gustaría más labor de información en las escuelas, clubes deportivos, en los medios de comunicación escrita sobre las adicciones, para que los propios jóvenes tengan conocimiento sobre el peligro que representa el abusar de sustancias psico-activas como el alcohol, los fármacos, las drogas prohibidas, etc.
Que los padres sepan que alcohólico puede llegar a ser ese joven de 15 años que ya ha requerido desintoxicación alcohólica al salir de una fiesta.
Que alcohólico puede ser un ejecutivo de una empresa que necesita tomar para poder funcionar y que espera con ansias la hora X para salir del trabajo y tomarse unas copas.
Que adicto puede ser una persona que relega prioridades como su hogar, la educación y comida de sus hijos, para tirarlos en una mesa de juego en un casino.
Aquella señora que necesita ingerir diariamente pastillas para dormir o controlar los nervios ante cualquier eventualidad.
Aquel joven que utiliza drogas para mantenerse despierto y estudiar, pero que paulatinamente el cerebro le irá exigiendo más y más para poder funcionar normalmente y quedar atrapado.
En fin, me gustaría que la población conociera con exactitud esta enfermedad, que penetra en los hogares de forma muy silenciosa pero que cuando es descubierta muchas veces es tarde o ya se han pagado consecuencias dolorosas, como la muerte por un accidente de tránsito, los hogares destruidos por violencia, abusos, promiscuidad, cárcel... prevenir no es reprimir, es simplemente alertarte de los peligros que existen, y así cualquier decisión que tomes lo hagas con un criterio claro y responsable.
¿Porqué se dice que la adicción es la enfermedad de la familia? ¿Qué papel juega la familia en todo esto?
La familia juega un papel importantísimo en esta enfermedad.
El adicto vive en un contexto humano. Por lo tanto es imposible que pierda el control en todos los aspectos de su vida sin que afecte a los que viven a su alrededor.
Siempre hay algún familiar que, en pos de conseguir equilibrar el sistema familiar, va tomando el control que va perdiendo el adicto y descuidando su propio rol dentro del sistema, lo que conlleva a que todos los demás miembros de la familia tengan también que hacer ajustes en sus roles y sus estilos de vida y así poder "cuidar al enfermo" y proteger la integridad familiar.
Experiencias como "El bienestar de la familia está por encima de todo" o "La ropa sucia se lava en casa", sólo hacen que la enfermedad vaya progresando silenciosamente.
Violencia, infidelidad, enfermedad, divorcio, abuso, muerte.... son algunas de las situaciones que encara el familiar de un adicto y que ha estado ocultando durante mucho tiempo por la presión de una sociedad que tilda de débil al que admite un problema y donde el silencio furtivo se interpreta como lealtad.
Es entonces lógico pensar que abrirse a otro redituaría algo que no fuera desconcierto o dolor, culpa o vergüenza.
Vemos como se va formando un círculo vicioso auto-destructivo dentro del sistema familiar que solo se rompe cuando el familiar admite que hay un problema en el hogar y decide buscar ayuda. Es cuando descubre que la familia está tan enferma como el mismo adicto; sufre de codependencia, enfermedad que puede tener las mismas consecuencias funestas para el familiar como la adicción para el adicto. |