Revisando los recuerdos, nos encontramos con expresiones como “Lotería Nacional, la Esperanza del Pobre”, o quizás aquella frase comercial muy popular en la ciudad de New York “Todo lo que necesita es un sueño y un dólar”. Frases prometedoras que encierran lo que en algunas personas es el sueño de sus vidas, o la forma más rápida y práctica de resolver su situación económica. Pero cuanta dificultad tenemos para asimilar que un estudio que fue publicado en periódicos de circulación nacional indicando que el 80% de los jugadores de lotería en Alemania se convertían en Jugadores compulsivos.
El juego Compulsivo (Ludopatía) se define como un trastorno desadaptativo, persistente, y recurrente, que altera la continuidad de la vida personal, familiar o profesional. (DSM IV). Si asociamos esta definición con la de adicción, nos damos cuenta que es la misma focalizada en una actividad particular.
Como toda actividad o conducta adictiva, el juego puede iniciar como una “simple diversión”, que paulatinamente se convierte en un problema con significativas repercusiones sobre la persona, como en su entorno. La progresión del problema genera los mecanismos propios de la dependencia (Van Dijk), de los que se distinguen los psicológicos; el individuo tiende a manejar frustración por no poder parar, pierde dinero de manera progresiva, y adquiere la personalidad propia del jugador. También están los mecanismos sociales; estos implican que el individuo se involucre más en los círculos asociados con el juego y en actividades que tengan efecto disparador sobre el mismo. Otro factor importante es el tóxico debido a la producción de endorfinas y neuromoduladores. Es importante destacar que en todas las adicciones se involucran sustancias de consumo externo y de producción interna (endotoxinas).
A pesar de que el juego patológico se registra en la historia desde mucho antes de la aparición del dinero, éste se reconoce como tal, por la Asociación Americana de Psiquiatría a partir del año 1980. Según el DSM IV el diagnóstico de Ludopatía se establece cuando se cumplen al menos cuatro de las condiciones siguientes:
- Frecuente y creciente preocupación por el juego o por obtener dinero para jugar, con tendencia a rememorar experiencias lúdicas del pasado y a planear nuevas actividades.
- Jugar con frecuencia mayor cantidad de dinero, o por un periodo mayor que el tiempo previsto.
- Necesidad de aumentar la cantidad o frecuencia de las apuestas para conseguir la excitación deseada.
- Intranquilidad e irritabilidad en caso de no poder jugar, o al intentar dejar el juego.
- Pérdidas repetidas de dinero debido al juego y reiteración en la conducta de juego con el propósito de recuperar las pérdidas.
- Repetidos esfuerzos infructuosos por abandonar o reducir el juego.
- Aumento de la conducta de juego ante dificultades psicológicas o sociales.
- Sacrificio de obligaciones familiares, sociales, laborales o académicas para poder jugar.
- Mantener la conducta del juego a pesar de la imposibilidad de pagar deudas crecientes, o a pesar de otros problemas significativos (sociales, ocupacionales, legales, etc.) que son incrementados por el juego.
Estas características son comunes en la ludopatía (como se describe en el DSM IV) que implica sustancias endógenas y en adicciones a sustancias exógenas como el alcohol y las drogas ilegales.
En nuestra experiencia con pacientes Ludópatas hemos podido observar en estos, niveles de deterioro importante y presentando síntomas de abstinencia con implicaciones físicas y emocionales similares a las de consumidores de opiáceos (derivados del opio). Esto nos hace pensar que en el paciente adicto, la presencia de alteradores del estado de ánimo en el organismo es fatal independientemente del origen de estos, ya sean endógenos o exógenos, quienes cumplan con las condiciones planteadas mas arriba deben buscar la ayuda de profesionales del área de la adicción y/o acudir a un Programa de Tratamiento.