Puesto que la mayoría de nosotros nacemos con una abundancia de deseos naturales, no es de extrañar que a menudo les dejemos que se conviertan en exigencias que sobrepasan sus propósitos originales.
Cuando nos impulsan ciegamente, o cuando exigimos voluntariamente que nos den más satisfacciones o placeres de los que nos corresponden, este es el punto en el que nos desviamos del grado de perfección que Dios desea que alcancemos en esta tierra.
Esta es la medida de nuestros defectos de carácter, o si prefieres, de nuestros pecados.
Con demasiada frecuencia, las esperanzas poco realistas han acarreado el desaliento, sin mencionar la lástima de mí mismo y el cansancio por haber pisado el terreno de Dios.
La clave de realizar mis posibilidades está en reconocer mis limitaciones y en creer que el tiempo no es un amigo, sino un regalo.
La esperanza es la llave que abre la puerta por la que salimos del desconsuelo.
¡Iniciamos un nuevo año!
Aquí nace la esperanza a largo plazo y se obtiene la perspectiva de la naturaleza de ésta enfermedad y el camino de la recuperación.
La belleza de la recuperación está en saber que mi vida irá mejorando con la ayuda de Dios, que los sueños se harán realidad, y el Hoy es para... Siempre.