Una vez, un amigo me preguntó si yo iba a asistir a la reunión de esa noche, y yo le contesté que no necesitaba realmente ir a esa reunión, que pensaba quedarme sin asistir. Mi amigo contestó, “Tu puedes no necesitar la reunión, pero la reunión puede necesitarte a ti”. Yo asistí.
Hay días durante los últimos once años en los cuáles recuerdo lo que él me dijo. Fue el impulso que necesité para levantarme e ir. Algunas veces he ido a una reunión porque sabía que alguien en particular estaría ahí y me daría más entusiasmo para permanecer sobrio. Si esa persona no estaba allí, me sentiría algo decepcionado.
En nuestro plantel correccional, un visitante estuvo trayendo “ La Viña” hasta que se mudó del área. Así que siempre la leía de principio a fin y la seguía pasando. El estar sobrio me permite alcanzar y ayudar a otros, de la misma manera que “nuestras reuniones impresas (literatura)” lo hace.
John B.
Desde Menard, Illinois