Testimonio de la madre de un hijo adicto a la cocaína

 

Vivir con personas que tienen ese tipo de problema es muy difícil, y los que les rodeamos terminamos más enfermos que ellas, pues llegarnos a sentir tantas emociones o sentimientos distintos, que a veces no sabernos definirlos. Sentirnos rabia, frustración, pero sobre todo impotencia. Se deja de creer por completo en ellas v llega el momento de la desesperación donde el sufrimiento es tan fuerte que decirnos; Dios mío dale el fin que sea.

A veces me lleno de esperanza, pero cuando uno menos lo espera, vuelve a hacer uso de las drogas. Se siente la frustración de haber creído que se estaba recuperando y es un volver a recorrer el mismo camino, no llegar ni a la mitad. Regresar de nuevo hacia atrás, y en un ir y venir por la misma ruta, uno llega a sentirse confundido, preguntándose: ¿Y ahora hacia dónde me dirijo? He hecho todo y mi obra se derrumba.

No les he dicho que David es casado, padre de una niña de tres años. Lo visito interdiario, pero la esposa siempre tiene que recurrir a mí cuando está en estado tóxico. En el trayecto hacia su casa, voy imaginándome las cosas más horribles que mente humana pueda producir. Yo misma me aconsejo, me digo: Ana, tranquilízate. Coje fuerzas para aceptar las cosas que te toquen vivir en estos momentos, recuerda que no debes perder el dominio. Luego respiro profundamente hasta lograr una aparente tranquilidad.

Cuando llego a la casa de mi hijo, no tengo valor para preguntar cuál es la situación y paso al dormitorio a ver a este despojo humano, sin poder reclamarle nada, pues en el estado que se encuentra, bajo los efectos de las drogas, sería lanzar una piedra al vacío y no oír el sonido que ésta produce. Sólo trato de que se dé un baño de agua tibia, se tome un vaso de leche y me pongo a chequear todo donde él pueda esconder la droga para seguir consumiendo. Si tiene droga, logro quitársela, me quedo con la niña y su esposa conversando, hasta que veo que va a quedar todo bajo un posible control. Regreso a mi casa llena de pesares y a la vez dándole gracias a Dios de que aún vive, ya que siempre en estas crisis, uno espera lo peor.

A David lo he internado varias veces, hasta por ocho días, para desintoxicarlo, suministrándole suero y otros medicamentos y basta que salga de la clínica para caer de nuevo en la cocaína.

Hace apenas unos meses recurrí a un Centro de Salud Mental, al cual no aceptó ingresar, pero si al servicio ambulatorio. Sospecho que él pensó que así se le haría más fácil seguir consumiendo.

En este proceso duró un promedio de cinco días bajo los efectos de fármacos fuertísimos que lo mantenían sin voluntad propia. Pasaron los días y empezó a poner resistencia a tornar los medicamentos. Este tratamiento requería terapia con un psicoterapeuta del mismo centro.

Un día, uno de estos medicamentos le provocó convulsión, el medico sabía que esta iba a ser la reacción, pero no me lo comunicó. Y cada vez que le suministraba los fármacos era la misma cosa. Estos fueron días de angustia, pues yo veía a mi hijo casi morir. Hubo otro de los medicamentos que provocó que por cuatro días sus necesidades fisiológicas fuesen nulas.

Mi desesperación fue tan grande que le reclamé al módico que por qué no me explicó que esa era la base del tratamiento, pues si me hubiera enterado con anticipación, no lo hubiese aceptado bajo ninguna circunstancia. Le pedí que se retirara, que no iba a continuar con esto.

No les he dicho que esto tenía un costo de RD$ 20,000.00 por mes y pagado por adelantado. Le exigí al medico la devolución de parte de este dinero, lo cual tuve que enfrentar duramente ya que no querían devolver el dinero. Después de mucho luchar cobraron por cinco días, a RD$ 3,000.00 diarios, debido a que la medicina tenía que comprarla yo. También tuve que pagarle a un supuesto anestesiólogo que trajo una vez para administrarle un suero, que supuestamente él no pudo canalizarlo.

En ningún momento he querido hacerle daño a nadie, es por esto que me reservo los nombres de estos profesionales que se aprovechan de la desesperación de una madre. Pero sí quiero advertir a todos los padres que estén viviendo este calvario, que tengan mucha precaución a la hora de buscar ayuda en los diferentes centros de salud mental. Roguemos al Señor que en un futuro no muy lejano podamos contar con instituciones honestas, que nos acompañen en esta búsqueda de soluciones que tanto necesitamos.

Ana G.

© 2004 Fundación Fenix. Derechos Reservados / República Dominicana / Tel:(809) 683-4029 /  Fax:(809)566-6582 / fundafenix@fundafenix.org.do / Diseñado por Carlos Andrés Luna / webmaster@fundafenix.org.do